martes, 16 de octubre de 2007

Primera vez

Hola!!! estreno blog....y para empezar les regalo un cuento, que leí ayer y que apareció de sorpresa mientras leía ya un poco aburrido el libro de turno, y que me gustó mucho, en fin, el cuento se llama: La fiesta de los signos de puntuación, y está sacado del libro de Hernán Rivera Letelier "Canción para caminar sobre las Aguas"
"La noche de la fiesta de los signos de puntuación, dos cosas preocupaban a los organizadores: una, que el fuerte viento que soplaba en la ciudad amilanara el ánimo de los invitados y, dos, que se fuera a presentar demasiado temprano el Punto Final, ese aguafiestas infaltable a toda reunión de camaradería.
Pero la cosa estaba funcionando. El malón se había iniciado a la hora y los invitados trataban de entretenerse lo mejor que podían. Ahí estaban los tildes saltando como niños sobre los muebles; ahí los puntos y seguido y los punto y aparte mirándose desde lejos, hoscamente; ahí los puntos suspensivos, con su gesto siempre enigmático, conversando bajito entre ellos, dejando todo a medio decir;ahí los dos puntos metiéndole conversa a medio mundo y dando la impresión de ser los que más se divertían en la velada. Los puntos y comas, únicas parejas casadas entre los invitados, bailaban mejilla a mejilla en medio de la pista, mientras sus hijas gemelas, las comillas, sentadas modositamente en el suelo leían las carátulas de los discos o miraban los álbumes fotográficos de los dueños de casa.

Sin embargo, cada timbrazo en la puerta hacía estremecer de susto a los fiesteros. Mirándose entre ellos, le bajaban el volumen a la música y se quedaban un rato silenciosos y expectantes, pensando en que podía ser el Punto Final. Cuando el invitado más cercano a la puerta, luego de mirar por el ojo mágico, abría y el que entraba era un signo de interrogación preguntando si acaso estaban todos sordos que no oían el timbre; o se trataba de un alharaco signo de exclamación que llegaba gritando que afuera el viento era un verdadero vendaval, carajo, que vengo más helado que callo de pingüinos, entonces todos respiraban tranquilos, subían de nuevo la música y continuaban el bailongo.

En un momento dado, cuando la fiesta estaba en su apogeo y no faltaba casi nadie, para evitar más sobresaltos, y a iniciativa de dos guiones de aspecto categórico, se acordó no abrir la puerta a ningún invitado más. No fuera a ser cosa que en una de esas apareciera el Punto Final.

Y ahí estaban, divirtiéndose y pasándola a todo trapo, cuando a eso de la medianoche el ¡ring! del timbre dejó a todos nuevamente paralizados. Un acento gráfico que se acercó a mirar por el ojo mágico dijo en tono tranquilizador que no se preocuparan, que era solo el asterisco.
-Debe venir borracho como siempre-opinaron roncamentye unos corchetes, que por no encajar en ninguna conversación eran los que menos se divertían.
Se armó entonces una ácida discusión sobre si era conveniente o no dejarlo entrar. Algunos opinaban que de ninguna manera, que el asterisco no era más que un paracaidista desvergonzado, que no tenía nada que hacer ahí. Otros, en cambio, decían que en verdad el asteerisco era un punto con sus facultades mentales perturbadas, pero punto al fin y al cabo.

"Se cree un león melenudo", dijeron graciosamente una comillas.

Desde su rincón en penumbras, un punto y aparte de expresión amilicada dijo que el asterisco no era loco ni cosa parecida, sino un intelectual demasiado fino. O sea un maricón redomado. Y que si de él dependiera lo dejaría helar de frío allá afuera sin ninguna contemplación.
Entonces, una liberal coma de poema erótico terció para decir que si se había dejado entrar a las cremillas, que eran unas lesbianas declaradas, no veía por qué no iba a entrar el asterisco. Que si era por discriminación sexual entonces tampoco debían de haber dejado a ese par de viejos verdes, dijo, apuntando con su copa a unos paréntesis que en un ángulo de la sala le habían hecho una encerrona a unas comas livianas de cascos ( de esas de enumeración caótica) que se morían de la risa.

Cuando al final se decidieron a abrir, el fiasco fue mayúsculo. El Punto Final irrumpió ordenándose el pelo y rezongando que el viento de mierdo lo había despeinado todo, que con esa chasca debía parecer un puto asterisco. Y, acto seguido, cuadrándose ruidosamente en medio de la pista, rugió asnal y asmático que hasta ahí nomás llegaba el sarao.

-¡Se acabó la farra, señores!"

¿Cuántas veces hemos cerrado nuestras propias puertas por miedo a este Punto Final? ¿Cuanta gente ha quedado fuera de nosotros por culpa del miedo? Pero...todo tiene fin, al fin y al cabo el Punto Final es necesario...¿Cuán cerca está de nosotros el Punto Final? Mi vida está llena de Puntos Finales, que con el tiempo, poco a poco se transforman en míseros puntos y aparte...¿No será mejor dejar entrar al Punto Final sin ningún miedo? ¿No será mejor enfrentarlo, antes que arrancar de él? Quiza tenga muchas verdades que contarme, quiza me ayude a abrir los ojos y entender cosas que encerrado en mi mismo nunca entendería; la fiesta se terminaría, es cierto, pero¿valía la pena esa fiesta??? (Es el último recuerdo que me queda de ti)


Chao a todos. Nos belmon.

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