
Otra noche más sin poder dormir, es que son tantos los problemas que me aquejan y todos retoman su fuerza cuando esta la cabeza sobre la almohada, son tantas las cosas en las que uno se pone a pensar sumido dentro de esa eterna oscuridad, es que es el único tiempo del día en el que uno medita las cosas, es el único tiempo del día en el que uno se siente en paz, pero esa paz, muy pronto se acaba, muy temprano llega a su fin, porque en la mente, tocan la puerta todas las cosas que debían entrar, pero que no podian porque no había tiempo, y ahora que lo hay, llegan a estropearte el momento.
Y ahí esta uno, despierto, mientras el reloj imparable sigue con su molestoso tic-tac, y mientras el sol se abre camino, paso a paso, para aparecer sobre la montaña, ahí esta uno, mirando el techo eterno, el techo infinito, el techo misterioso, y ahi esta uno, como cuestionando al techo, como buscando en él todas las respuestas, y todas las soluciones a nuestros problemas, claro, como si el techo fuera un mistico mago, o un libro que te diga como llevar tu vida, sé que no es así; y sin embargo, lo único que hago es mirarlo, y preguntarle, como preguntandome a mí que es lo que debo hacer, pero estoy tan perdido, estoy tan en el fondo del abismo, que no encuentro nada, ninguna solución, ninguna respuesta.
Cuando por fin, logro cerrar mis ojos, y soñar un poco, el reloj cesa su tic-tac eterno, cambiandolo por un fuerte y aturdidor sonido, avisando que el sol ya se asoma por las montañas, y que ha llegado el momento de despertar, que ironía, el reloj me dice que debo despertar, pero ni siquiera he logrado quedarme dormido, entonces, ¿despertar de que?.
Y así, noche tras noche, día tras día, porque el maldito reloj, igual que las personas, no tiene piedad, y jamás pararía por nadie, el solo avanza, y avanza, como si sólo él existiera en este mundo.
Si el reloj no quiere parar, ni retroceder, bueno, entonces que avance rápido y llegue al día de mi final. Chao.
Maximiliano



